Don Artemio nos comenta que en fragante locutorio de San Jerónimo, la melodiosa Sor Juana Inés de la Cruz tenía todas las tardes, antes de vísperas, animadas reuniones con las personas de más pro en la ciudad, que con su joyante séquito de cortesanos, iban a embelesarse con las palabras de esa monja.
Tres ensayos de Cosío Villegas que lo muestran en el dominio de su propia visión de la historia de su tiempo y de un estilo personalísimo, atado al deseo de comunicar, persuadir y estremecer en cada renglón.
Como otros escritos de esta naturaleza, una aguda idea de la justicia y del deber civil atraviesa este libro, que además lleva el toque personal del clásico que es Bustamante.