Edgardo escribe poniendo el cuerpo, por eso sacude, por eso conmueve. En estos relatos la palabra no está exhibida: es un fluido más que corre de acá para allá, entre la nada más banal y lo más misterioso del universo.
"¿Qué le parece si formásemos un club? Lo llamaremos el Club de los Martes. Nos reuniremos y cada uno deberá exponer un problema real y los demás competiremos para solucionarlo."
En Histopía, David Means despliega una imaginación que distorsiona la realidad de una manera tan descabellada como verosímil, a la altura de Don DeLillo o Foster Wallace.