Ezequiel Boetti, crítico y cinéfilo voraz, traza el mapa de un fenómeno que es mucho más amplio y gigantesco de lo que aparece en las pantallas de los multiplex.
Los chistes que hicieron descostillar de risa a los miembros de la guardia, a los empleados de cocina, a la tropa numerosa de religiosos consagrados del Vaticano y, por supuesto, al papa Francisco.