Edgardo escribe poniendo el cuerpo, por eso sacude, por eso conmueve. En estos relatos la palabra no está exhibida: es un fluido más que corre de acá para allá, entre la nada más banal y lo más misterioso del universo.
Seguramente alentado por tantos años de amistad y porque siempre fue un entusiasta de mi obra fotográfica, Guillermo Gasió me insistió en que yo escribiese mis memorias.
Vámonos no es sólo la historia de Wilco: es la historia de amor entre Tweedy y la música, cómo esta lo ha transformado, otorgándole un destino que no le estaba reservado.