Nicolas, de ocho años, va a pasar una semana en la nieve. Va a disfrutar, junto con sus compañeros del colegio, de una semana de diversión en una estación de esquí. Es lo que en las escuelas francesas se conoce como semana blanca, que permite que los niños se oxigenen con unas breves vacaciones y rompan por unos días la rutina de las clases. En ese paisaje nevado y gélido, Nicolas conoce a su monitor de esquí y hace un nuevo amigo, el temible Hodkann, el terror de los dormitorios. Pero esos días de diversión tendrán para él mucho de viaje iniciático: el lector no tarda en ir percibiendo que sobre esa semana en la nieve planea una amenaza, un desasosiego difuso, una incertidumbre perturbadora, que se materializará de un modo terrible cuando llega la noticia de que en un pueblo vecino ha sido asesinado un niño... Mezclando la crónica de sucesos, el relato fantástico y el inquietante universo de los cuentos de Perrault o los Grimm, Emmanuel Carrère aborda con sutileza y auténtica maestría literaria los temores infantiles, las inseguridades de una etapa en la vida de una persona en la que los miedos pueden convertirse en pesadillas.
Éste es el relato de un día cualquiera en la vida de un estudiante universitario en los años noventa. El protagonista transita por una ciudad hostil, mecanizada, desde las aulas de la facultad a los barrios obreros de la periferia, sin otro interlocutor que su propio pasado, que entrecorta un discurso demoledor sobre la sociedad y sus ilusiones. Con una voz en la que resuenan la ira festiva de Henry Miller y la impudicia moral de Louis-Ferdinand Céline, esta novela sigue siendo, quince años después, un ataque sin misericordia al buen gusto convencional, a las intenciones más o menos bondadosas y a la omnipotencia del mercado. La novela fue finalista del Premio Herralde de Novela. «El libro se lee y estremece» (Rafael Conte, ABC).