Encontramos en esta breve relación el deseo de poner de manifiesto una visión del mundo no solo total sino a la vez compleja y digna de una medida expresión literaria, a la altura de la riqueza de las fuentes que siempre apreció con orgullo Fernando de Alva lxtlilxóchitl.
Hay en esta narración un importante precursor de la novela mexicana. Aquí se cuentan los pormenores e insólitos infortunios de un viaje alrededor del mundo en el siglo XVII, cruzado por peligros y acechanzas inimaginables.
En las páginas de Lecciones a un periodista novel habla el testigo privilegiado de los acontecimientos, el moralista implacable, el irónico periodista y la figura pública cargada de años y melancolía.
En las páginas de Clavijero respiran tanto el optimismo que más adelante inspiraría la independencia de México así como la lengua –la nueva lengua– en la que con el tiempo habrían de expresarse todos y cada uno de los habitantes de México.
Se trata de la crónica personal de una fantástica ronda nocturna por la ciudad de México, tocada por la magia, la ironía y lo más efímero de todo: la actualidad, hasta cerrar en un animado Coloquio de los Muertos.
Aquí, Castera define las dimensiones de su narrativa: “Como soñador, soy el primero que sufro cuando el realismo me obliga a descubrir escenas que no quisiera ni pensar; refiero lo que me ha sido referido; no invento, copio; no hay en esto fantasía, hay realidad profunda”.
EI teatro que se realizó en la Nueva España durante tres siglos recorrió los mismos caminos que los de la península: del Renacimiento al neoclasicismo, pasando por el incomparable momento barroco que representa el Siglo de Oro. A pesar de su desarrollo paralelo con la metrópolis, la literatura dramática novohispana fue incorporando las realidades humanas y sociales que configuraron una personalidad propia en los corrales y coliseos virreinales.