No hay crimen más atroz que aquel que no lo parece. Ni asesino más temible que el que te saluda cada mañana. El primer caso del joven policía Ari Thór.
«El odio es un animal hermoso, imposible de encerrar, con sed de sangre. El odio se despereza, se extiende y te atrapa. Se alimenta de tu rabia. Y al final vuelves a odiar. Porque es fácil. Porque lo necesitas».