¿Cómo expresarnos de forma correcta, amena y comprensible sin discriminar a la mitad de la población? ¿Es nuestro lenguaje sexista? ¿Y las autoridades encargadas de darle esplendor?
El último, y como siempre divertido, libro de María Martín es un viaje por el lenguaje inclusivo que destierra la manida idea de que expresarnos de forma no androcéntrica sea ni difícil ni feo