Ficción: general y literaria

La novela más hermosa de Natalia Ginzburg, según Italo Calvino,


En esta novela vanguardista, cruce de comedia romántica y crítica













Una historia emocionante sobre aquellos que desearon una revolución


México, 1937. León Trotski y su esposa, Natalia Ivánovna, desembarcan del petrolero noruego Ruth en el puerto de Tampico. Huyen de Stalin, y los acogerá en su casa la pintora Frida Kahlo. Por aquellos años, en Cuernavaca, el escritor británico Malcolm Lowry invoca sus demonios, bebe y escribe Bajo el volcán. El México de la década de 1930 es un hervidero político y cultural, donde se cruzan o viven sin llegar a cruzarse jamás expatriados y autóctonos que van a forjar revoluciones políticas y estéticas que dejarán huella en el siglo XX. Y así, entre Trotski y Lowry, ejes de esta concisa novela río, van apareciendo en las páginas del libro la fotógrafa Tina Modotti; un Sandino que trabaja en Huasteca Petroleum y será después líder guerrillero en su Nicaragua natal; el enigmático Ret Marut, que ha llegado desde Europa, donde ha sido agitador político, y firmará con el seudónimo de B. Traven El tesoro de Sierra Madre; Antonin Artaud en busca de los tarahumaras, Diego Rivera, André Breton, Graham Greene, el poeta boxeador Arthur Cravan... Personajes en busca de un sueño, de un ideal. Esta seductora novela se suma al ciclo de viajes narrativos por el mundo y la historia de Patrick Deville, del que también forman parte Peste & Cólera y Ecuatoria. En estas obras el autor va trazando un mapa de nuestro contradictorio mundo a través de personajes tocados por el genio o la locura. Y demuestra libro tras libro su maestría literaria. «Deville bulle, su escritura palpita, su sed de absoluto ha encontrado su objeto. Entre el idealismo político y el culto a la literatura, el escritor ha encontrado su volcán; jamás ha estado más cerca de sus obsesiones, fiel al desafío de dar vida y gloria a quienes sirven a una causa que ponen por encima de su propia existencia» (Valérie Marin La Meslée, Le Point). «No es la multitud de personajes lo que convierte Viva en un gran libro. Viva es un gran libro por la energía del gesto que lo concibe, un concentrado puro de Deville, con esa capacidad de pasear al lector por el mundo y por el tiempo. Sin perderlo jamás, arrastrándolo al vértigo y la ebriedad de un vals tan vivo que cada frase necesita de la siguiente para no perder el equilibrio» (Jean-Baptiste Harang, Le Magazine Littéraire). «El resultado es vertiginoso. La Historia se convierte en un juego teatral en el que las puertas se abren y se cierran, con encuentros y contactos que no llegan a producirse. Escrito con erudición, refinamiento y humor. Viva Deville» (Emmanuel Hecht, L’Express). «Un libro sobre el absoluto –revolucionario y literario– de una vertiginosa maestría» (Elisabeth Philippe, Les Inrockuptibles). «Un fresco deslumbrante» (Catherine Simon, Le Monde). «Un novelista fabuloso» (Le Figaro).



CENTENARIO DE MARCEL PROUST

«Sospecho que hay un momento de la vida en el que cada hombre o cada mujer descubren quiénes son. Lo saben. De repente. Frente a una instancia crucial o frente a un hecho insignificante. Da lo mismo», dice la protagonista, pero poco después añade: «Yo, en cambio, todavía no sé quién soy. Y, por no saber, ni siquiera sé si es que ya me convierto en una mujer o aún me falta un poco de tiempo.» Buena parte de esta incertidumbre tiene su origen en su identidad cruzada: de origen chino, pero criada en Argentina. De allí se ha marchado para vivir con sus abuelos en China, pero pronto regresará contratada como intérprete de unos empresarios. Y hay una segunda incertidumbre relevante: la del tránsito entre la niña y la mujer, que se materializará en esos tacos altos a los que hace referencia el título y que calzará por primera vez en este viaje de vuelta. Federico Jeanmaire transporta al lector entre dos escenarios: Suzhou y Glew. El primero es chino y allí está la casa de los abuelos. El segundo es argentino, cerca de Buenos Aires, y allí vivió la protagonista. Allí también el padre tenía un supermercado. Y una pistola. Y una noche hubo un incendio. Y ahora, en el momento del regreso, acompañada por su abuelo, ella retomará el idioma que aprendió, visitará a una amiga de antaño y aquello que quedó abierto en el pasado quizás podrá clausurarse... Esta prodigiosa novela de depurada concisión esconde una inusitada riqueza de matices. Porque guarda en sus entrañas una historia de iniciación, de paso de la infancia a la vida adulta; también una historia sobre la identidad o las identidades, sobre el choque cultural: y otra, con aires de trama policiaca, sobre la necesidad de cerrar las heridas del pasado, sobre la venganza y acaso la justicia. Una novela que hace buenas las palabras que José Saramago dedicó en su día al autor: «Una propuesta arriesgada que habla de la vida contemporánea, donde el bien y el mal comparten una frontera difusa.»

Cetarti está hundido en la nada. Sin trabajo (despedido por «falta de iniciativa y conducta desmotivante») ni propósito, pasa sus días encerrado viendo la televisión y fumando porros. Una tarde recibe la llamada de un desconocido, que le informa de que su madre y su hermano han sido asesinados a escopetazos. Viaja a Lapachito, el derruido pueblo donde vivía su madre, para hacerse cargo de los cadáveres.
Allí, en un paisaje de casas hundidas en el barro y animales venenosos, conoce al suboficial retirado Duarte, antiguo militar, albacea y amigo del asesino de su madre. Desde este punto de partida, el lector acompañará a Cetarti en un derrotero azaroso que incluirá las chapuzas ilegales para cobrar un seguro a medias con Duarte, la mudanza a la casa de su hermano muerto (pasillos repletos de basura ordenada, «una especie de tumba de Tutankamón pero con mugre en vez de tesoros»), y la nebulosa complicidad en los oscuros negocios del albacea. También es la historia de Danielito, un inocente hijo de la violencia y auxiliar de Duarte, hermanado a su vez con Cetarti en la deriva, el puro estar y las acciones con motivos que no logran percibir.
Opaca, lacónica y por momentos brutal como sus personajes, Bajo este sol tremendo probablemente comparta territorio con algunas películas de los hermanos Coen. Es una novela poderosa, sin reflexiones psicológicas ni demasiados datos concretos del porqué de la anestesia emocional de sus protagonistas. Construida sólo desde el relato de las acciones de estos outsiders casi absolutos, no hay guiños generacionales ni discursos éticos o políticos sobre la tortura, el crimen, la culpa, el vacío existencial o la historia reciente del país. Y, sin embargo, estos temas asoman en la trama, golpeando la narración como chocan los insectos contra el parabrisas de los coches que conducen Cetarti, Duarte y Danielito en sus viajes a la nada, atravesando las rutas amenazantes de la negra provincia.

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