Rúsica nos constituye, abre ventanas, balcones desde donde podemos mirar y observar la sociedad, la nuestra y la de ella misma, que, sin dudas, es la que vivimos y viviremos. Nos plantea el desarraigo, una crisis que padecemos. La crisis de identidad. El querer ser otro, algo buscado constantemente. Mas esto lo padecemos. Rúsica lucha y quiere volar. Se combate a ella misma, a su condición y afronta caminos y recursos que, en el transcurso de la novela, nos harán abrir los ojos y plantearnos cuál es nuestro lugar en el mundo.
Debido a su condición especial, Ariadna es reclutada por la Agencia Antiespectros, sin posibilidad de rechazar su oferta.
Desafiando el miedo a lo desconocido, afronta con determinación el entrenamiento intensivo en la Agencia. A medida que sus días se llenan de situaciones imprevisibles y desentraña misterios que desafían toda lógica, forja nuevas relaciones, amistades y deseos que nunca imaginó.