Rúsica nos constituye, abre ventanas, balcones desde donde podemos mirar y observar la sociedad, la nuestra y la de ella misma, que, sin dudas, es la que vivimos y viviremos. Nos plantea el desarraigo, una crisis que padecemos. La crisis de identidad. El querer ser otro, algo buscado constantemente. Mas esto lo padecemos. Rúsica lucha y quiere volar. Se combate a ella misma, a su condición y afronta caminos y recursos que, en el transcurso de la novela, nos harán abrir los ojos y plantearnos cuál es nuestro lugar en el mundo.