Muy admirado y respetado Señor,
Permítame que empiece por mencionar los dilemas y perplejidades que, en mi condición de mujer, he tenido que vencer antes de tomar la decisión de escribirle. ¿Puede una mujer soltera, sin desdoro de su reputación, confesar al autor que acaba de leer y que admira el deseo que tiene de conocerle, aunque solo sea de forma epistolar? Si esta mujer vive en París, ciudad ...