Detrás de muchas de las decisiones más trascendentales de la política se esconden los operadores del poder. Desconocidos para el gran público, Los Horribles atienden en confiterías o en hoteles de lujo y tejen los acuerdos que la política no se anima a hacer en público. Son lobbystas, en el mejor de los casos. O traficantes de información sensible. O jefes de patotas al servicio del mejor pagador....