A diferencia de un cuadro, que absorbe los colores de la luz y los retiene, una vidriera recibe la luz y la difunde al ambiente: el efecto es prodigioso, un espectáculo sorprendente.
Además, el arte de realizar vidrieras es el único que no teme los errores: al contrario, los aprovecha. Imprecisiones en la coloración, burbujas de aire y alteraciones del vidrio determinan peculiares y luminosas irid...