En las calles de Tánger, Alia se siente observada. Su presencia suscita turbación, aunque ella no comprende por qué: la desnudan con la mirada, la siguen, la insultan. Entonces, en la ilusoria intimidad de su cuarto, tratando de comprender qué ven los hombres, comienza a hacerse fotos. Posa, se acuesta, arquea la espalda, y poco a poco esas sesiones fotográficas se convierten en un ritual.
Alia e...